Opioides y marihuana, el peor cóctel para tu salud mental

Cuando se trata de dolor crónico, intenso, que aumenta cada vez más, al final se recurre a lo que sea, ya sean drogas sintéticas, blandas, parches de morfina. Sin embargo, un nuevo estudio advierte que esta práctica pone en peligro la salud mental de quienes padecen dolores intensos y fuertes de manera habitual.

Una investigación de la Universidad de Houston ha descubierto que los adultos que toman opioides recetados para el dolor intenso tienen más probabilidades de tener problemas de ansiedad, depresión y abuso de sustancias si también consumen marihuana.

Para llevar a cabo el estudio se encuestó a 450 adultos en todo Estados Unidos que habían experimentado dolor moderado a intenso durante más de tres meses. El estudio reveló no solo síntomas elevados de ansiedad y depresión, sino también el uso de tabaco, alcohol, cocaína y sedantes entre los que agregaron cannabis, en comparación con los que usaron opioides solos. Además, no se informó un aumento de la reducción del dolor.

Sin embargo, si no hay reducción de dolor… ¿qué está ocurriendo? “Ha habido mucha expectativa de que tal vez el cannabis sea la alternativa nueva o más segura a los opioides, así que eso es algo que queríamos investigar”, ha expresado Andrew Rogers, estudiante de doctorado en psicología clínica en el Laboratorio de Investigación de Salud y Ansiedad de la Universidad de Houston y su Clínica de Tratamiento de Uso de Sustancias. Rogers estaba estudiando el uso de opioides y el manejo del dolor cuando comenzaron a pensar en el papel del cannabis en el control del dolor.

“Los hallazgos resaltan una población vulnerable de usuarios de polisustancias con dolor crónico e indica la necesidad de una evaluación y tratamiento más exhaustivos del dolor crónico”, ha concluido.

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Autoestima: ¿Cómo impulsar niños y niñas más felices y seguros?

El ejercicio de la paternidad es un desafío constante para todos los padres y madres. Precisamente, cada una de sus acciones cotidianas que se experimentan en el proceso de crianza, van influyendo en el desarrollo de la autoestima de nuestros hijos. La psicóloga de Centro Médico Cetep, Marianna Cattoni, explica que favorecer una autoestima saludable en los más pequeños está en manos de los adultos responsables del cuidado de los niños.

“Es fundamental que desde los padres y cuidadores principales de los niños y niñas, existan capacidades y habilidades para generar una autoestima sana, que les permita sentirse sentidos, vistos, protegidos, comprendidos en sus emociones y comportamientos. Esto les asegura en gran parte una actitud resiliente frente a situaciones sociales complejas”, explica la profesional de Cetep.

En este sentido, Cattoni, subraya que los padres ejercen una función afectiva y socializadora clave para el desarrollo de sus hijos. De hecho, cuando esta función no se realiza de manera adecuada desde la primera infancia, “podemos observar a futuro dificultades de adaptación”, indica la psicóloga. “Esto a su vez conlleva a la formación de una imagen de sí mismo frágil, confusa y muchas veces distorsionada, generando a su vez conductas evitativas o muy reactivas, hasta llegar a definirse a sí mismos como poco valiosos y poco capaces”, agrega Cattoni.

Finalmente, la profesional de Centro Médico Cetep es enfática en señalar los padres “deben ser conscientes y hacerse cargo de que cada cosa que le comunico a una niña o un niño respecto de sí mismo/a tiene una huella para toda la vida. Cuando nos hacemos conscientes de las necesidades infantiles psicosociales y de identidad de nuestros hijos, podemos comenzar a ser un agente que promueve una buena autoestima”, sentencia Cattoni.

7 consejos pro autoestima

Acompaña y estimula a tus hija/os a que tomen sus decisiones
Propónles que resuelvan ciertos conflictos
Deja que cometan errores
Conoce y muestra interés por sus actividades
Destaca sus habilidades
Crea un ambiente de aceptación y respeto para tus hija/os
Comienza con el ejemplo y sé coherente con tu actuar

El “burnout” ya es oficialmente un diagnóstico médico, según OMS

Es una sensación de estrés laboral extremo que lleva mucho tiempo incrustado en el léxico cultural y ahora también podría aparecer en tus registros médicos.

El agotamiento o “burnout” es ahora un diagnóstico médico legítimo, según la Clasificación Internacional de Enfermedades, ICD-11, el manual de la Organización Mundial de la Salud (OMS) que guía a los proveedores médicos en el diagnóstico de enfermedades.

El agotamiento ahora aparece en la sección de la ICD-11 sobre problemas relacionados con el empleo o el desempleo. De acuerdo con el manual, los médicos pueden diagnosticar a alguien con agotamiento si presentan los siguientes síntomas:

  • sensaciones de merma de energía o extenuación
  • mayor distancia mental hacia el trabajo o sensaciones negativas o de cinismo relacionados con el trabajo
  • eficacia profesional reducida

Antes de dar el diagnóstico, el documento dice que los médicos primero deben descartar el trastorno de adaptación, así como la ansiedad y los trastornos del estado de ánimo. Y el diagnóstico se limita a los entornos de trabajo y no debe aplicarse a otras situaciones de la vida.

El agotamiento, un estudio de décadas

El agotamiento ha sido durante mucho tiempo un concepto cultural borroso que ha desafiado los intentos de crear una definición de consenso específica en la que todos los científicos puedan estar de acuerdo.

El psicólogo Herbert Freudenberger es considerado el iniciador del estudio formal del estado de agotamiento con un artículo científico publicado en 1974, según una revisión de 2017 de trabajos publicados en la revista SAGE Open.

Los autores de esa revisión, Linda y Torsten Heinemann, dicen que durante las siguientes cuatro décadas, aparecieron cientos de estudios sobre el tema. Durante ese tiempo, notaron que el agotamiento no se consideraba un trastorno mental real a pesar de que es “uno de los problemas de salud mental más discutidos en la sociedad actual”.

Una razón para eso, sostienen los Heinemann, es que gran parte de la investigación sobre el agotamiento se centró en “causas y factores asociados”, en lugar de en intentos de desarrollar criterios diagnósticos específicos. Eso llevó a la “vaguedad y ambigüedad” en torno al concepto de agotamiento.

En su revisión, señalan que la cuestión de si los investigadores podrían diferenciar la depresión y el agotamiento también fue un obstáculo importante para elevar el agotamiento a una enfermedad.

crédito imagen: CNN

Fuente:CNN en español