Exclusión social y falta de trabajo: los problemas de la salud mental

En Chile este fenómeno va en alza. Por ejemplo, el 60 % de quienes sufren esquizofrenia puede trabajar, pero solo el 28% de los empresarios los cree capaces.

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Con el fin del Estado de Bienestar en Europa y la reducción de las políticas de seguridad social en diversos países y también en Latinoamérica, a nivel global ha adquirido relevancia el concepto de “exclusión social” para designar a un fenómeno cada vez más notorio: la marginación de una persona de la vida social, económica y cultural de su respectiva sociedad solo por carecer de derechos, presentar problemas económicos y/o de salud.

Se han dado diversas explicaciones para comprender por qué la exclusión social ha ido en aumento en los últimos años, como la falta de acceso a la legalidad, al mercado laboral, a la educación, a las tecnologías de la información, a los sistemas de salud y protección social, a la informalidad laboral que favorece los malos empleos o la ausencia de políticas públicas que contribuyan a integrar a las personas con capacidades diferentes, entre otras.

“Solo una cosa está clara al respecto. Que este fenómeno no se vincula exclusivamente a la pobreza, ya que es multidimensional, dinámico y depende de las relaciones específicas en que esté involucrada la persona afectada”, explica el sociólogo Jorge Chuaqui, doctor en Ciencias Humanas, profesor e investigador del Instituto de Sociología de la Universidad de Valparaíso y encargado del Programa de Salud del Centro de Investigaciones Sociológicas de esa mismo plantel.

A juicio del especialista, este tema no refiere únicamente a un individuo, sino a un sector de la sociedad o conjunto de individuos que comparten rasgos comunes en su posición social, lo que implica barreras estructurales que los dejan en una situación desmedrada en cuanto al poder que tienen para realizar sus intereses o anhelos.

Barreras

En nuestro país, una de esas principales barreras es la discriminación por causa de las enfermedades mentales.

Según estudios realizados por especialistas chilenos -entre ellos el doctor Chuaqui- para determinar las consecuencias sociales de la esquizofrenia, más del sesenta por ciento de las personas que padecen ese mal está en condiciones de trabajar, pero apenas el veintiocho por ciento de los empresarios los ve capaces de desempeñarse de manera adecuada. Otro sesenta por ciento los considera agresivos o violentos.

“Todo esto se refleja en el hecho de que solo un quince por ciento de las personas con esquizofrenia tendrá un trabajo ‘normal’. El resto es posible que realice faenas en talleres especiales donde ganarán un tercio del suelo mínimo”, asegura el académico de la UV.

Otro aspecto que contribuye a explicar el problema de la baja inserción en empleos competitivos de los enfermos mentales son las actitudes que adoptan las familias.

De hecho, una segunda investigación -basada en las opiniones de un centenar de tutores de pacientes esquizofrénicos ambulatorios, casi todos compensados-, mostró el impacto que causa también la desinformación y la desorientación

“El prestigiado psiquiatra chileno Otto Dör, define como criterio diagnóstico de las enfermedades mentales la conducta que implica una ruptura cuantitativa o cualitativa con el sentido común. Esto significa que se establece de partida un criterio discriminador en contra de los que son ‘distintos’. Con esto no estamos negando la existencia de las enfermedades mentales, ya que con o sin la psiquiatría la persona que rompa abruptamente con las ideas establecidas tendrá problemas en sus relaciones sociales y necesita ayuda para que no esté excluido, pero eso no niega el hecho que se trata de un proceso social de exclusión establecido ya desde el mismo criterio profesional”, asegura Jorge Chuaqui.

Inserción laboral

No son pocos los especialistas que coindicen al señalar que el más crucial de los problemas que enfrentan las personas con enfermedad mental (opacando otros, incluso los de salud) es el de la inserción laboral.

“Un trabajo digno y que permita autonomía económica es la mejor forma de superar la exclusión social. Tiene que ver con una supervivencia digna de la persona cuando ya no estén sus padres o tutores. Es fundamental para que la persona tenga un mínimo de autonomía en las decisiones, sin verse coartado por la dependencia económica de otros y, en este sentido, es un requisito para ser un ciudadano pleno. Mejora la salud, dificultando las recaídas en el caso de las enfermedades mentales y acelerando la rehabilitación para todas las discapacidades”, sentencia el sociólogo y profesor de la Universidad de Valparaíso.

De hecho, está comprobado que el participar a través del trabajo en la vida económica y social, es el más importante antídoto contra la segregación y el aislamiento, fantasma que persigue a todo discapacitado, y que es un requisito sine qua non de la realización personal a que aspira todo ser humano. Además, permite a la persona formar su propia familia y relacionarse de manera estable con una pareja con quien compartir la vida.

Estructura Global

El tema de la exclusión social es cada día más analizado. En Chile, el profesor Jorge Chuaqui es uno de los principales investigadores. En su libro “Microsociología y estructura social global” propone una sistematización original de los clásicos de la sociología que, a modo de marco conceptual, permita a los investigadores sociales describir y dar contenido teórico tanto a los procesos particulares investigados como a sus planteamientos generales sobre la sociedad, sin olvidar los nexos con ambientes sociales circunscritos y la vida cotidiana de las personas, es decir, sin dejar en la nebulosa el vínculo entre lo macro y lo microsocial a la hora de proyectar teóricamente sus investigaciones desde la sociedad global a la vida cotidiana.

Publicado lunes 5 de enero de 2015